¡Que aproveche, doctor! Come, come, porque las setas recogí yo.
¿Dónde paramos? Sí, sí. Mi consultorio. Tenía mis pacientes, los cuales venían de la parte de la sanidad pública y también unos, que eran pacientes recibidos por mi de la manera privada. Obviamente, con pacientes privados siempre tenía más dinero, necesitaban ayuda urgentemente y ellos se lo podían permitir, entonces ganaba más dinero. Todo era perfecto hasta un momento... conocí a una chica...
¡Hala! Sabía, que algo verdaderamente malo pasó, en las mujeres nunca se puede confíar. Sigue, sigue...
Dijo Kowalczyk y, soprendentemente, se calló ni siquiera intentando echar otro chupito.
Ya ves... Zofia. Así se llama, pero no se nada de ella desde hace un montón de tiempo. Quizas mejor...
Un día vino con su abuela, ayudándole a ella, que un diente plateado de la mujer mayor empezó a moverse un poco. Esta fue la primera vez que la vi, era guapisíma, tenía el pelo moreno y bastante largo, los ojos oscuros y una sonrisa que ciertamente no necesitaba ninguna ayuda de un dentista. Me miró, yo a ella también y de repente movió sus ojos avergonzada. Por un momento mi corazón empezó a latir más rapido...
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A ver, ¿dónde está la botella?
La cogí, abrí y esta vez fue yo, el cual echaba otro chupito. Los levantamos, brindamos y bebimos. Sequé la boca con el dorso de mi mano, miré al viejo Kowalczyk con la visión borrosa e intenté decir algo, pero tenía que comer un poco de pan con arenque primero. Froté los ojos con los manos y continuaba.
Vale. Tenía mi propio consultorio y venían los pacientes privados tal cómo los otros, amigo.
Sabes... ¡los privados pagaban mucho para que les ayudase, jaja! ¡O pagas o esperas ocho meses! ¿Me entiendes? Jajaja...
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¡Oye! Que ya me lo dijiste, ibas a decirme que pasó con la chica.
Dijo Włodzimierz.
Ah, es verdad, entonces... Chica, Zofia, sí, sí. Zofia era muy guapa...
Paré de hablar por un momento, porque tenía un sentimiento que algo pasa con la bombilla en la lampara. Todo se empezaba hacer más y más oscuro, oí algo y por un momento la luz ha vuelto un poco, pero de repente, otra vez el mundo poco a poco desaparecía en una oscuridad misteriosa...
¡Hala! Parece, que la cabeza de los intelectuales no es tan fuerte cómo su mente...
Constató viejo Kowalczyk.
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