Necesito zapatos nuevos...
Lo he pensado cuando estaba poniendo la camisa más bonita que tengo. Ya casi estaba saliendo de mi casa para ir a ver Włodzimierz con el cual he quedado antes, cuando me acordé que tengo una jarra de pepinillos en mi armario.
Lo abrí para buscarla y de repente cayeron unos viejos, herrumbrosos instrumentos dentales los cuales estaba guardando para no olvidarme de los primeros años cuando empezaba a trabajar como dentista.
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Tenía mi propio consultorio, buen salario, era joven... ay, estos tiempos ya no volverán...
¡Bam! Desperté del sueño con un ruido de la jarra con pepinillos, la cual buscaba, rompiéndose por caerse al suelo. Tenía que no haberla visto deslizarse porque estaba recordandome los buenos tiempos con tanto sentimiento, que me sentí como en paraíso. Pero bueno, ahora en la realidad, estaba de pie, enfrente del armario abierto, con cristal roto y pepinillos en el suelo y encima mis pantalones estaban un poco mojados con el jugo que saltó de la jarra cuando se rompía. Muy desanimado, recogí todo del suelo, lo he fregado un poco e iba ponerme los zapatos, que todavía, desde esta mañana, estaban mojados. Saliendo de casa, vi sol yéndose para el oeste, pero todavía faltaban unas horas para que anochecía. Cerre la puerta y empecé a caminar hasta la casa del viejo Kowalczyk. Al lado del camino había un pozo, dónde la cuesta comenzaba a subir.


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